Por las fotos de la prensa...

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Title

Por las fotos de la prensa...

Subject

Literatura

Description

Post original para la columna Lunes de Post-Revolución en el blog Fogonero Emergente

Creator

Orlando Luis Pardo Lazo

Publisher

Omeka Collection Creator: Lizabel Mónica

Date

2008

Contributor

Omeka Collection Creator: Lizabel Mónica

Format

text and photographs

Language

Spanish, español

Type

Blog post

Coverage

Cuba, Havana, Latin America, La Havana, diciembre de 2008, December 2008, Lawton

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---------- Forwarded message ----------
From: "jorge alberto aguiar diaz" <jorgealbertoaguiar@gmail.com>
Date: Oct 18, 2015 5:12 AM
Subject:
To: "Orlando Luis Pardo Lazo" <orlandoluispardolazo@gmail.com>
Cc:

La columnata de hoy llegó desde Cuba con una foto (que cerraba el texto) y que Fogonero Emergente censuró sin consultar al autor. Aceptamos así cualquier reclamación o crítica.(jorgealbertoaguiar@gmail.com)

Las fotos publicadas en la columnata Lunes de post-revolución, son de la autoría de
Orlando Luis Pardo.

Hacerlo constar en caso de reproducción.



1) Por las fotos de la prensa, no es difícil hacerse la idea de que cada huracán es más debacle que el anterior. Fidel Castro reflexiona desde la proa del Granma sobre el paisaje patrio asolado. Compara el desastre con una hecatombe nuclear. Parece poesía apocalíptica, pero es periodismo ucrónico en prosa ramplán. El autor sabe muy bien de qué habla (tal vez sólo él en Cuba lo sepa): acaso él ya ha soñado este imaginario de la despingazón. Casi medio siglo después de octubre de 1962, para nuestro hombre en La Plaza la crisis de los misiles soviéticos-pinareños se resuelve fotográficamente ahora, tras el paso en tiempo récord de los ciclones Gustav &amp; Ike.

2) Me aburro. No puedo leer ni escribir. Es como estar preso en mi casa dentro de una cárcel mayor que se llama esquina de Fonts y Beales que se llama reparto Lawton que se llama municipio 10 de Octubre que se llama La Habana que se llama Cuba que se llama América Latina que se llama nuestra sicklémica sigloveintiumnidad. En situaciones de ilegibilidad límite como ésta, normalmente me saco la pinga (la ilegalidad límite me fascina). Me la saco como compañía, mi pinga prognata de más diciembres que centímetros. Y saco del closet a mi bandera cubana de nylon (alef flagrante in fraganti). La saco como arte del desastre y/o performance efímero y/o entertainment post-post: hedonismos habanémicos. Y para colmo saco también mi cámara digital. Como colofón.

3) La falta de luz. El gas de la calle cortado. Los teléfonos sin tono, en el éxtasis de la estática. El transporte público de tranca. Las cloacas tupidas como toda buena utopía. Los albergados reciclados. Las baterías de un radiecito chinesco, alternando entre la bazofia de los repórters cubanescus y mi eterna linterna rumana de 9 volts. Mes 9 obsoletamente llamado septiembre. Años cero eufemísticamente llamados los dos mil. Opción cero para una degeneración cero de pupilos con las pupilas enceradas o, mejor aún, cerradas de par en párpado: Eyes Wide-Shut (Ike &amp; Gustav´s Show). Gustav a finales de agustov &amp; Ike a principios de septikembre. El nuevo curso escolar pospuesto. Las inundaciones sobrepuestas. Los víveres propuestos. Los derrumbes impuestos. Las protestas supuestas. Sobrevivir al clima o acaso al clímax criminal de Cuba en revoluciclón. Nosotros, los sobremurientes. El muelle de la recuperación no es especialmente elástico, pero poco a poco pendula. «Nadie quedará desamparado», es la consigna oficial, por esta vez portadora de una generosa tajada de la verdad. Los huracanes como catalizadores de la economía interna y la diplomacia foránea: Gustav &amp; Ike como fuente de energía rotatoria para romper nuestra incivil inercia lineal.



4) El Dr. José Rubiera recupera los hilos narratológicos de la nación. Sin el Dr. Fidel Castro en el Instituto de Meteorología, nuestro hombre en la estación de Casablanca es el único cubano de Cuba autorizado para jugar al futuro. Para juzgarlo. Él es nuestro primer augur de reality-show. Un gurú de los desastres con dignidad. Y el tipo ejecuta ese rol con su bigotico hitleriano de magister ludi. Frío y paternalista, el Dr. José Rubiera deja correr sus conos de terror estadístico sobre el mapa digital de la isla. Esas animaciones funcionan como caracoles o naipes de babalao. Ese cono cuántico de probabilidades es temporalmente su báculo de oráculo presidencial. El Dr. José Rubiera propone y Dios dispone. El Dr. Fidel Castro ya sólo forma parte de su audiencia de altísimo rating en medio del apagón nacional. No importa que entre ambos doctores pueda existir un pacto de colegas secreto: la meteorología ha dejado de ser algo demasiado serio para estar sólo en manos de los meteorólogos.

5) Me aburro. Me embrutezco con cada bostezo: ¡Yo también, Brutus! Literárida y literalmente, me aburro. Tedio terminal de entresiglos y entreciclones. Durante el apagón profiláctico me comporto como un animal sucio y suicida. Así y todo no pierdo mi pedestre y por eso mismo peligrosa politicidad. Con la pinga en ristre, pienso en la pistola prepóstuma de Raúl: el percutor encasquillado del poeta Raúl Hernández Novás. A la hora de la verdad, la bala no se le disparó. Sus últimas imágenes fueron entonces las de un perito en la gramática mecánica de las armas de fuego. No sé si Raúl Hernández Novás habrá intentado masturbarse (matarse o botarse una paja: es el argot) antes de arreglar su pistola prestada. No sé si en el próximo ciclón me convertiré yo en otro mediocre raulito incapaz ni de eyacular. No lo sé ni tampoco me importa. Ni me impacta. Por el momento, ubico las velas ubicuamente (estado de ubicubidad luminotécnica). Saco las pilas del radiecito chinesco y se las meto por detrás a la linterna del Exte Europeo. Ilumino a conveniencia mi pinga sobre la bandera. Me tumbo sobre la cama y ajusto la cámara digital para que dispare auto-ráfagas. De pronto es una metralleta de píxeles y pinga por doquier. Pocas veces se ha narrado la palabra pinga en poesía cubana. Pocas veces se ha narrado ni pinga en poesía cubana. Comienzo a mazacotearme la mía para parármela. Pienso en la pistola de Raúl y en el animal pulcro y suicida de Hernández Novás. Pienso que en este punto la caja de velocidades de mi escritura ya no engancha la marcha atrás. Pienso que tu lectura pacata, tan parapléjica como las palmas, ni aunque clavara hasta el fondo los frenos, ahora ya tampoco podría parar.


6) Después de la tormenta, un arco iris mudo como epitafio a este verano venenoso (demasiada radiación solar: casi una conflagración de la era atómica). Después del dúo de meteoros Gustav &amp; Ike, los atardeceres son aquí apacibles: no es un mal título para una novela de irrealismo social. El sol se demora siglos sobre el horizonte sin árboles ni edificios, y las nubes ennegrecen en contraluz: flotan, flatulentas, como gases tóxicos en homenaje a la chimenea cubana desconocida. La Habana post-Gustav es un silencio coagulado a contrarreloj: ciudad que no era, era que está pariendo un corazón infartado, urbe canalla que calla, ubre que cae en coma y resucita al tercer o al trigésimo tercer día, balsa de corcho sin tiburones ni timonel (la tripulación no quedará del todo desamparada). La Habana post-Ike es un poco menos autista, pero un poco más socialipsista: Habanada, mon amour (vocubalario histórico con hache histriónica de hastío heroico). La ayuda de United States of America tendrá que esperar hasta el fin de los tiempos, améen: sea hasta la próxima temporada ciclónica o sea hasta la próxima temporada electoral. Por el momento, la noche se demora eones antes de tragarse los restos de azul y lila y verde y naranja y rojo. Y entonces un negro inverosímil destiñe al día de súbito, en cinco o quinientos mil segundos. Tardenoche honda, sin aire, transparente y asfixiantemente antimartiana. A esta hora no hay política potable ni ideología que no parezca idiota y para la idiotez de todos. Después del diluvio, las reflexiones prosopragmáticas de Fidel Castro en el Granma. Después de él, mi delirio o acaso delito.

7) Prender un fósforo (la humedad sobresaturante hace casi imposible este acto de prestidigitación). Prender una vela (se consumen como fundidas en esperma de pólvora). Prender a duras penas las pilas del radiecito (ni el dinamo ni las celdas solares son eficaces aquí: ¿cuántas emisoras independientes podrá tolerar un modelo Made In Beijing?). Prender el fogón (no hay combustible fósil y mucho menos esa rara avis decimonónica llamada la electricidad). Prender un cigarro (de marca Criollos, menuda paranoia poscolonial a la hora de hacer marketing). Prender la cámara (sea nupcial o de gas). Prender un tabaco (cubanismo: «dar lata o muela, fastidiar mediante un discurso fullero o camaján»). Aprender a leer leyendo bajo el mefistofélico apagón (simular la sinceridad de todo siervo servil). Emprender la toma de apuntes a mano, como quien toma una fortaleza simbólica del ancien régime (basta una bastilla cíclope para darle batalla al ciclón). Sorprender al poder y al pueblo con un giro irónico que haga jirones al pensamiento común (la escritura como una irresistible sexcritura de resistencia). Reprender cualquier conato de texto que no se articule como una maquinaria (sin)táctica de guerra (toque ficticio a rebato, arrebato fáctico sin teque). Comprender que nada de esto hará regresar la luz, ni un minuto antes ni un milenio después: ni tampoco el gas Zyklon de la calle, ni los tictacs del teléfono ETECSA, ni el acordeón de los metrobuses, ni las cloacas congestionadas, ni los albergados realbergados, ni los electrones cubanescus sin baterías, ni los partes de guerra de los repórters, ni el neocurso escolar obligatoriamente gratuito, ni las inundaciones inútiles, ni los víveres conversos de un revés en victoria, ni los derrumbes en rumba tras un perfecto efecto de dominó. Nada de esto propicia, pero tampoco interfiere nuestro inevitable mehr-licht patriotero: «un avivamiento del espíritu», lo llaman los evangélicos. Nada de esto, por suerte. Ah, nada, Hanada: quizá sea mejor así... Aquí y ahora, en privado, tú y yo aún podemos seguir siendo tan libres como un josérubierita de juguetería Made In Beijing. O como un fidelcastrico repantigado ante el último modelo chinesco de televisor: sea de marca Panda o sea un Gustav &amp; Ike.

8) En la madrugada de Fonts y Beales, Lawton, 10 de Octubre, La Habana, Cuba, América Latina, siento que soy un ángel exterminador. Mi pene es el faro a ciegas del resto de la nación cubana: de los restos de la nación cubana. Tengo la mano fría. Afuera deben de estar batiendo las ramas. Son las auto-ráfagas estilo metralleta de Gustav o Ike o ambos. Aquí adentro y abajo, soy yo quien bate la carne en vela de mi propio cuerpo. Me hincho, me hinco, es excitante crisparse hasta tener más centímetros que ciclones. Bato bárbaramente mi pene. Pienso en el vate Escobar, ese esquizoángel que tampoco sobrevivió a nuestros años noventa, tan pródigos en consignas como en suicidas como en consignas suicidas. Bato mi pene por enésima vez. Si lo hago a solas, normalmente me vengo muy fácil. Si es con otra persona, la venganza anormalmente se tarda hasta la locura. Antes del big-bang, siempre siento un vértigo que me baja de la base del cráneo a la espina dorsal a los riñones a la base del pene a su cabeza arrugada y lustrosa como una corteza cerebral (choteíto cubensis ad usum: «verdá que tú piensa´ con la pinga, mi´jito»). Enarco las patas, pero no demasiado, para no destruir mi set primitivo de fotografía. Estoy rodeado de velas como un cadáver. Se acerca el instante infinito de la revelación. Me siento a punto de reventar. Pienso en la caída volátil del poeta Ángel Escobar. El tipo oía voces y ya no lo toleraba: al final declaró en privado que se sentía exhausto, y saltó sobre el asfalto cubano finisecular. Yo bato mi pene por mil y unésima vez. Mi trauma es que no oigo nada y tampoco lo tolero ya: desde el principio declaro en público que me siento también exhausto. Pero allá voy otra vez y otra vez: semen sin sentido contra la bandera bucólica de Bonifacio Byrne o el trapo heroico de Poveda o el sudario de nylon tricolor de Ángel Escobar (lechazo de escubamarga en simultáneo con el disparo amateur de mi cámara digital: yo, acaso como un hernándeznovás de pacotilla, sigo siendo sólo un tirador profesional).

9) September mornings versus September mournings. Leer sin lamentos de lechero madrugador. Celectino antes del alba. Dejarse ir, dejarse venir, dejarse caer. Rojo sangre, azul cianótico, blanco seminal. Ritos ripiosos de quienes barremos aburridos las gotas de una Vía Láctea luctuosa. Howllidos de rata angélica que roe los raíles de la raulidad. Tell me, did you make it to the Milky Way? Octubre obtuso de 1962 o augusto septiembre de 2008: tell me, did you wonder why we had to run for shelter when the promise of a brand new day unfouled beneath the deep blue skies?

From

"jorge alberto aguiar diaz" <jorgealbertoaguiar@gmail.com>

To

"Orlando Luis Pardo Lazo" <orlandoluispardolazo@gmail.com>

CC

Lizabel Monica <lizabelmonica@gmail.com>

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Orlando Luis Pardo Lazo, “Por las fotos de la prensa...,” Digital Entanglements, accessed May 20, 2022, https://digitalcuba.omeka.net/items/show/1.

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